A lo largo y ancho del país, las Centrales de Abasto y las cadenas de suministro agrícola han sido infiltradas por los cárteles más sanguinarios, pues mediante extorsión, secuestro, lavado de dinero y cobro de piso, los grupos criminales asfixian a bodegueros, transportistas y consumidores en al menos 10 estados de la República.
Más allá de las grandes metrópolis, el narco funciona como una mafia de intermediación (el “nuevo coyotaje”) en al menos los estados de México, Michoacán, Tamaulipas, Veracruz, Durango, Oaxaca, Guanajuato, Morelos y Tabasco.
