Son momentos de alta tensión en la cúpula del Gobierno, donde tienen lugar diversos intercambios para decidir el rumbo a seguir luego de que una fiscalía de Nueva York acusara al gobernador sinaloense Rubén Rocha Moya de estar coludido con el Cártel de Sinaloa.
En el entorno presidencial hubieran preferido que tanto el gobernador como el senador Enrique Inzunza guardaran un silencio calculado para luego tener mayor margen de maniobra. El peor de los escenarios está sobre la mesa: ya con la acusación formal en Estados Unidos, en el Gobierno temen que Washington opte por capturar a Rocha de modo unilateral, tal como sucedió el pasado enero con Nicolás Maduro, mandatario venezolano ahora preso en EU.
