A un año de que seis organizaciones criminales mexicanas fueran designadas como terroristas por el gobierno de Donald Trump, México optó por una estrategia confrontativa contra los cárteles, pero dejó un cabo suelto: el combate a la estructura financiera criminal.
Si bien México incrementó los decomisos de droga y la detención de presuntos delincuentes, los ‘golpes’ contra las estructuras financieras vinieron desde Estados Unidos.
Hasta ahora no ha habido un daño al aparato financiero de la delincuencia organizada.
