En una semana que dejó al descubierto la fractura institucional de México frente a su crisis de desapariciones, una voz llegó desde Chiapas para cortar el debate político con una sola frase: las víctimas “no son un número a manosear en los medios de comunicación, sino personas con nombre, historia y vínculos”.
La pronunció el comandante Marcos, líder del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), resonó como un reproche directo a todos los actores que en días previos habían convertido el dolor de las familias en un campo de batalla político.
