El mar territorial de Ecuador y las vastas aguas del Océano Pacífico Oriental se convirtieron en la principal autopista clandestina para abastecer de cocaína a las organizaciones criminales más poderosas de México. Una reciente investigación revelada por la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro de Estados Unidos destapó pieza por pieza el complejo mecanismo operativo de una red internacional que, bajo la fachada de la industria pesquera ecuatoriana, enviaba miles de kilogramos de droga mensuales hacia territorio mexicano. Esta sofisticada cadena de suministro no operaba en el vacío. Según las autoridades estadounidenses, la logística marítima estaba al servicio directo de una violenta guerra librada a miles de kilómetros de distancia: la pugna entre el Cártel de Sinaloa y el Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG). Para asegurar su hegemonía en el tráfico global, ambas mafias mexicanas tejieron alianzas con organizaciones sudamericanas clasificadas actualmente como terroristas, subcontratando el traslado y la protección de sus cargamentos desde las costas andinas hasta México.
