El Fondo Monetario Internacional (FMI) reconoció este 2 de octubre que México ha sostenido su proceso de consolidación fiscal a lo largo del año, aunque a un paso menos veloz que en 2025. Pese a ello, el organismo consideró insuficiente el esfuerzo realizado y planteó que el país necesita una estrategia más agresiva para que su endeudamiento comience a descender.
Crecimiento modesto y deuda al alza
Las proyecciones del organismo ubican la expansión de la economía mexicana en 1.5 por ciento para 2026 y en 1.8 por ciento para 2027. El impulso vendría del mayor dinamismo de las exportaciones hacia Estados Unidos y de un efecto acotado del encarecimiento global de la energía.
En contraste, la deuda bruta del sector público seguiría creciendo: cerraría este año en 62.1 por ciento del Producto Interno Bruto y avanzaría a 62.9 por ciento en 2027. Es decir, la economía crece, pero la carga de los pasivos crece más rápido.
Un presupuesto 2027 más tibio
Tras la fuerte reducción del déficit registrada el año pasado, el saneamiento de las cuentas públicas perdió velocidad en 2026. El FMI observó que el paquete económico para 2027 prevé un ajuste más pausado del que se había anticipado y que, en los años posteriores, la deuda mantendría su tendencia ascendente.
Por ello, sugirió replantear el rumbo con una consolidación de mayor alcance que devuelva margen de maniobra a la política fiscal. La receta combina recortes y recaudación: afinar la focalización de los programas sociales, retirar de forma gradual los subsidios a los combustibles, asegurar una mejora duradera en las finanzas de Pemex, elevar los impuestos locales a la propiedad y a los vehículos, desmontar poco a poco los estímulos fiscales de la frontera, ampliar el gravamen al carbono y reformar el impuesto sobre la renta de las personas físicas.
El organismo vio con buenos ojos los planes de inversión en infraestructura, pero pidió candados adicionales para evitar que se pospongan el registro de gastos y que se acumulen pasivos contingentes derivados de esquemas de inversión mixta.
Banxico, sin bajar la guardia
En materia monetaria, el FMI constató que la desinflación siguió avanzando y que la inflación general se mantiene cerca de la meta del Banco de México. Sin embargo, los precios subyacentes todavía muestran presiones y las expectativas permanecen por arriba del objetivo de 3 por ciento.
En ese contexto, recomendó al banco central sostener una postura moderadamente restrictiva hasta que haya señales claras de que esas presiones ceden. Incluso advirtió que podría requerirse un endurecimiento adicional si el proceso de baja de la inflación se estanca o si nuevos choques en energía y alimentos provocan alzas generalizadas.
Sus estimaciones apuntan a que la inflación terminaría 2026 en 3.6 por ciento y bajaría a 3.3 por ciento en 2027, aunque la convergencia sostenida hacia la meta no llegaría sino hasta principios de 2028. Además, pidió a Banxico mayor claridad al comunicar cómo reacciona ante los datos y qué peso otorga a las expectativas en la formación de precios.
Riesgos externos e internos
El diagnóstico incluyó una advertencia adicional: la revisión del T-MEC y los cambios regulatorios internos podrían seguir limitando el potencial de crecimiento del país. A la presión fiscal se suma así un entorno de incertidumbre comercial y normativa que condiciona la inversión.
El mensaje de fondo es claro: con un crecimiento cercano a 1.5 por ciento y una deuda que no cede, el margen para postergar decisiones se estrecha.
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