El Estado mexicano volvió a quedar exhibido en Sinaloa. Lo ocurrido en el Centro de Reinserción Social de «El Castillo», en Mazatlán, difícilmente cabe en el término con que se intenta describirlo desde el poder. Once muertos, al menos una veintena de heridos y un niño de dos años asesinado a balazos no son el saldo de un pleito entre internos. Son el resultado de una violencia armada de gran escala dentro de un recinto que debería estar bajo control oficial.
