* Entre rumores, silencios y poder financiero, el caso exhibe las grietas del sistema……
Por Karina A. Rocha Priego
El empresario incómodo
Alfonso Romo Garza vuelve al centro de la escena, no por sus viejas credenciales como enlace entre el poder político y el empresarial, sino por una nube de versiones que lo colocan en una posición frágil, incómoda y potencialmente explosiva, pero sobre todo ¡peligrosa!, tan es así que el silencio oficial contrasta con la velocidad de los rumores, y en ese vacío crece la sospecha, se alimenta la incertidumbre y se exhibe una constante en la política mexicana, cuando el dinero y el poder se cruzan, la verdad suele ser la primera víctima y Romo Garza no es cualquier figura, fue pieza clave en el arranque de la llamada transformación, interlocutor con empresarios, operador de confianza, puente necesario y hoy ese puente parece roto o al menos profundamente agrietado.
El caso que nadie quiere explicar
El eje del problema no es menor, el señalamiento sobre su entorno financiero abre preguntas que nadie responde con claridad, se habla de investigaciones, de posibles vínculos con operaciones irregulares, de movimientos que cruzan fronteras, pero lo que no se dice pesa más que lo que se filtra, el gobierno guarda distancia, los aliados guardan silencio, y la narrativa oficial opta por la omisión, como era de esperarse de Morena, y esa estrategia que en política suele ser más reveladora que cualquier declaración, porque cuando nadie defiende, es porque defender cuesta demasiado.
Silencios que condenan
En otros tiempos, una figura del tamaño de Romo Garza habría contado con un respaldo inmediato, una línea clara, una defensa institucional, hoy no hay nada de eso, ni respaldo, ni condena, ni explicación, solo un silencio espeso que deja al personaje flotando en una especie de limbo político, esa ausencia de posicionamiento no es casual, es cálculo, es distancia deliberada, es la forma más elegante de soltar lastre sin asumir el costo público, el mensaje es claro aunque no se diga, cada quien que se rasque con sus uñas.
La fragilidad del poder económico
El caso también desnuda otra realidad incómoda, el poder económico en México no es tan sólido como presume, depende de equilibrios políticos, de acuerdos tácitos, de tolerancias que pueden romperse en cualquier momento, cuando eso ocurre, las fortunas dejan de ser escudo y se convierten en blanco, Alfonso Romo representa ese punto de quiebre, el empresario cercano al poder que de pronto se vuelve prescindible, incómodo, incluso peligroso, la cercanía con el gobierno ya no protege, al contrario, puede convertirse en evidencia.
La narrativa de la caída
En política no hay caídas espontáneas, todas se construyen, se filtran, se administran, lo que hoy rodea a Romo Garza parece seguir ese guión, primero los rumores, luego las versiones, después el silencio, más tarde la distancia, y finalmente la caída formal, si es que llega, lo relevante no es solo el destino del personaje, sino el mensaje que se envía, nadie es intocable, absolutamente nadie, ni siquiera quienes fueron parte del círculo más cercano al poder, esa narrativa sirve para disciplinar, para marcar límites, para recordar que el poder no se comparte, se administra.
Daño colateral para la 4T
Aunque se intente minimizar, el caso golpea directamente la credibilidad del proyecto gobernante, porque Romo no era un actor marginal, era símbolo de apertura hacia el sector privado, garantía de interlocución, señal de confianza, su caída arrastra esa narrativa, la debilita, la contradice, y abre espacio a la crítica, cómo se explica que un personaje clave termine envuelto en cuestionamientos, qué dice eso de los filtros, de los controles, de las decisiones que se tomaron en su momento, las respuestas no llegan, pero las preguntas se acumulan.
El riesgo internacional
El componente externo añade presión, cuando las investigaciones o versiones apuntan hacia Estados Unidos, el margen de maniobra se reduce, la política mexicana deja de controlar el ritmo y entra en juego otro tipo de lógica, más dura, más directa, menos negociable, eso cambia todo, porque ya no se trata solo de narrativa interna, sino de consecuencias legales, financieras y diplomáticas, en ese terreno, el silencio no protege, expone.
El costo de la opacidad
La falta de información clara no solo afecta a Romo, afecta a todo el sistema, erosiona la confianza, alimenta la percepción de que las reglas no son iguales para todos, de que la justicia depende del momento político, de que la transparencia sigue siendo un discurso más que una práctica, cada día sin explicación es un día ganado por la sospecha, y en política, la sospecha suele ser más devastadora que cualquier prueba.
Romo, el riesgo interno
La sola posibilidad de que Alfonso Romo Garza decida entregarse a la justicia de Estados Unidos y negociar un acuerdo como testigo protegido, como informante, no solo sacude al círculo del poder, sino que exhibe la fragilidad de un proyecto político que durante años se vendió como incorruptible, hoy, ese escenario se convierte en una amenaza real para la llamada transformación, porque Romo no fue un actor secundario, fue operador, enlace, articulador de intereses y, sobre todo, testigo directo de decisiones clave dentro del gobierno de Andrés Manuel López Obrador.
El temor que comienza a crecer dentro de Palacio Nacional no es gratuito, responde a una lógica básica del poder, quien sabe demasiado se vuelve peligroso cuando deja de ser leal, y Romo sabe, conoce rutas financieras, acuerdos políticos, negociaciones que jamás fueron transparentes, si decide hablar ante autoridades norteamericanas, el golpe no sería solo mediático, sería estructural, poniendo en duda toda la narrativa de honestidad que sostuvo a la 4T.
La eventual “traición” no debe leerse como un acto aislado, sino como consecuencia de un sistema que protegió mientras fue útil y que hoy parece dispuesto a soltar a uno de sus propios hombres, en ese contexto, la figura del testigo protegido se vuelve un arma de doble filo, porque lo que Romo pueda decir no solo lo compromete a él, sino que abre la puerta a investigaciones más profundas que podrían escalar hacia niveles insospechados.
Más allá de nombres, lo que está en juego es la credibilidad de un proyecto que prometió erradicar la corrupción y que ahora enfrenta el riesgo de ser exhibido desde dentro, por uno de sus antiguos pilares, el silencio oficial no calma, al contrario, alimenta la sospecha, porque cuando el poder calla, generalmente es porque tiene mucho que perder.
Un desenlace incierto
Por lo pronto, crece la expectativa de lo que sucede al rededor de Alfonso Romo Garza, alguna vez “mano derecha” de López Obrador y quien, nunca salió “por la puerta grande de Palacio Nacional”. Un personaje muy señalado, muy criticado y hoy “muy dolido” por lo que, su desenlace, puede ser fatal para él y sobre todo para la 4T.
