En el lenguaje del Pentágono, esto significa que el Estado empleará todos sus recursos, tanto militares, tecnológicos y científicos, para asegurar que ni una sola dosis atraviese la frontera, tratando cada laboratorio clandestino con el rigor técnico de una ojiva enemiga.
Con una inversión récord de $2,400 millones de dólares en infraestructura cuántica, Washington busca que, para finales de este año, cada gramo de materia prima que cruce la frontera sea identificado por su firma atómica antes de tocar suelo estadunidense.
