* Cartas enviadas por trabajadores sindicalizados exigen una auditoría independiente y mayor transparencia en el manejo de las cuotas y del patrimonio del Sindicato Nacional de Trabajadores del Infonavit……
SEGUNDA PARTE
Por Karina Rocha
Si la permanencia de un mismo dirigente durante más de cuatro décadas ya despierta cuestionamientos sobre la democracia sindical, el manejo de los recursos económicos del Sindicato Nacional de Trabaja dores del Infonavit ha terminado por convertir el debate en un asunto todavía más delicado.
Hoy, además de las críticas por la falta de alternancia, comienzan a multiplicarse las voces que reclaman cuentas claras sobre el destino del dinero aportado cada quincena por miles de trabajadores.
El malestar no surge únicamente de rumores, y es que en las últimas semanas han circulado diversos escritos dirigidos a autoridades laborales y a distintas instancias gubernamentales en los que trabajadores sindicalizados solicitan una investigación integral sobre el manejo financiero del sindicato.
En esos documentos se formulan señalamientos contra integrantes de la dirigencia nacional por presuntas irregularidades relacionadas con la administración de las cuotas sindicales y del patrimonio de la organización. Hasta ahora, dichas acusaciones no han sido acreditadas por resolución de autoridad competente y deberán ser investigadas por las instancias correspondientes.
La exigencia de abrir las cuentas
Entre las principales demandas de los inconformes aparece una que parece elemental en cualquier organización que administra recursos colectivos: transparentar las finanzas.
Los trabajadores sostienen que desconocen cuánto dinero ingresa anualmente al sindicato, cuál es el destino de las cuotas que descuentan de sus salarios, cuánto cuesta mantener la estructura directiva, cuáles son las percepciones económicas de los integrantes del Comité Ejecutivo Nacional y bajo qué criterios se administran los bienes que pertenecen a la organización.
Y es que, dicho sea de paso, resulta que, a un familiar muy cercano a Riva Palacio, se le vio en una zona muy VIP durante el mundial que aún se lleva a cabo pues para colmo, el nepotismo al interior de ese sindicato esta a todo lo que da, al grado de que, se dice, los Riva Palacio son dueños del SNTI.
Ahora bien, como que el líder de SNTI se ha “tomado muy a pecho” que la legislación vigente no obliga a los sindicatos a publicar sus estados financieros bajo el mismo esquema de una dependencia pública, lo que menos hace es rendir cuentas, sin embargo, son los propios agremiados los que consideran que la transparencia debería convertirse en una práctica permanente y voluntaria. Argumentan que la obligación moral con quienes financian el funcionamiento del sindicato va más allá de los requisitos estrictamente legales.
En tiempos donde prácticamente todas las instituciones públicas enfrentan crecientes exigencias de rendición de cuentas, resulta difícil entender por qué organizaciones que administran millones de pesos provenientes de aportaciones de los trabajadores permanecen prácticamente fuera del escrutinio público.
Patrimonio, cuotas y fondo mutualista
Las denuncias también alcanzan otros rubros considerados sensibles para los propios trabajadores.
Uno de ellos es el denominado fondo mutualista, creado para brindar apoyo económico a las familias de trabajadores fallecidos. De acuerdo con los escritos difundidos entre la base sindical, existen inconformidades respecto de la forma en que dichos recursos son administrados y entregados.
Asimismo, se cuestiona el manejo de inmuebles que formarían parte del patrimonio sindical, al señalar que varios de esos bienes no estarían siendo utilizados en beneficio directo de los trabajadores.
Las cartas también hacen referencia al cobro de aportaciones extraordinarias por distintos conceptos, sin que, según los denunciantes, exista información pública suficiente para conocer el destino específico de esos recursos.
Todas estas afirmaciones corresponden a denuncias formuladas por trabajadores y no constituyen, por sí mismas, prueba de responsabilidad administrativa o penal. Sin embargo, reflejan un creciente deterioro en la confianza de una parte importante de la base sindical hacia quienes actualmente conducen la organización.
La opacidad alimenta las dudas
Uno de los mayores problemas que enfrenta actualmente el sindicato no necesariamente consiste en la existencia de irregularidades acreditadas, sino en la ausencia de información verificable que permita disipar cualquier sospecha.
Cuando no existen auditorías independientes, informes financieros abiertos a consulta, mecanismos permanentes de fiscalización o explicaciones claras sobre el destino de los recursos, inevitablemente aparecen la especulación y la desconfianza.
La transparencia no solamente sirve para detectar posibles anomalías; también protege a quienes administran correctamente el patrimonio colectivo. Un sindicato que informa con claridad fortalece su legitimidad. Uno que guarda silencio termina debilitando su propia credibilidad.
Por ello, diversos especialistas en relaciones laborales coinciden en que abrir las cuentas no debería interpretarse como una concesión política, sino como un ejercicio básico de responsabilidad institucional.
Una democracia sindical aún incompleta
La reforma laboral de 2019 fue presentada como el inicio de una nueva etapa para el sindicalismo mexicano. Su propósito consistía en garantizar elecciones auténticas, fortalecer la participación de los trabajadores y terminar con las dirigencias perpetuas que durante décadas caracterizaron a numerosas organizaciones gremiales.
Sin embargo, casos como el del Sindicato Nacional de Trabajadores del Infonavit demuestran que la discusión continúa abierta.
La legalidad de una dirigencia puede encontrarse respaldada por una toma de nota y por los procedimientos establecidos en la legislación vigente. La legitimidad, en cambio, depende de factores mucho más amplios: confianza de los trabajadores, transparencia financiera, apertura al escrutinio, competencia interna y capacidad para responder a las demandas de quienes sostienen económicamente la organización.
Mientras persistan cuestionamientos sobre el manejo de las cuotas, solicitudes de auditorías independientes y denuncias de trabajadores que reclaman mayor apertura, el debate difícilmente desaparecerá.
Porque la verdadera transformación del sindicalismo mexicano no terminará cuando cambien las leyes, comenzará el día en que las organizaciones comprendan que rendir cuentas no representa una amenaza para su estabilidad, sino la mejor herramienta para recuperar la confianza de quienes depositaron en ellas la defensa de sus derechos laborales y de su patrimonio colectivo.
