* La crisis venezolana estalla y envía a México un mensaje brutal sobre poder, autoritarismo, silencio y costos históricos……
Por Karina A. Rocha Priego
El derrumbe que nadie quiere ver
Hay momentos en la historia latinoamericana en los que un país deja de ser sólo una nación en crisis y se convierte en advertencia, Venezuela hoy, no es únicamente el escenario de un colapso político institucional y social, es el espejo en el que deberían mirarse todos los gobiernos que juegan con la concentración del poder, el debilitamiento de contrapesos y la normalización del discurso de la lealtad por encima de la legalidad, lo que ocurre en Caracas no es un accidente ni una conspiración externa aislada, es el desenlace lógico de años de erosión democrática, de elecciones cuestionadas, de justicia subordinada, de fuerzas armadas politizadas y de una narrativa que sustituyó derechos por propaganda, el mensaje es brutal, ningún proyecto político que desplace a las instituciones sobrevive sin pagar un precio devastador, y ese precio no lo pagan los gobernantes, lo pagan los ciudadanos.
Sin embargo, pese a ese supuesto desenlace, los venezolanos están más que felices por el golpe asestado por Estados Unidos. Nadie está devastado, por el contrario, tienen fe en que recuperarán su libertad, sus vidas.
Cuando el poder se convierte en fin y no en medio
Venezuela demuestra que el autoritarismo no siempre llega con tanques, a veces llega con reformas legales, con tribunales alineados, con organismos electorales dóciles y con un discurso moral que justifica cualquier atropello en nombre del pueblo (como en México), durante años se advirtió que el chavismo mutó de movimiento político a sistema de control, donde disentir equivalía a traicionar y criticar era sinónimo de conspirar, el resultado fue un Estado que dejó de escuchar y comenzó a imponerse, cuando la política deja de ser diálogo y se vuelve dogma el conflicto ya no se resuelve en las urnas, sino en la fuerza, y entonces la soberanía que se invocó para cerrar el paso a la crítica, termina rota por la intervención externa, la gran ironía venezolana es esa, el régimen que decía defender la independencia nacional terminó provocando el escenario más vulnerable para su propia existencia.
El mensaje directo a Sheinbaum y a México
Lo que hoy ocurre en Venezuela, manda una señal directa al nuevo gobierno mexicano encabezado por Claudia Sheinbaum, no se trata de ideología ni de simpatías históricas, sino de entender que la estabilidad política no se decreta ni se hereda, se construye todos los días con instituciones fuertes, con prensa libre, con justicia autónoma y con límites claros al poder, México no es Venezuela, pero ningún país está vacunado contra la tentación autoritaria, minimizar las alertas siempre es el primer paso del desastre, cuando se desacredita a los jueces, cuando se presiona a los organismos autónomos, cuando se señala a la prensa como enemiga, cuando se normaliza el uso político de la ley se empieza a recorrer un camino que ya conocemos y cuyo final hoy se observa con crudeza en Caracas, el mensaje para Sheinbaum es claro: gobernar con legitimidad implica aceptar la crítica, fortalecer contrapesos y resistir la tentación de gobernar sólo con lealtades.
América Latina y el fracaso de los silencios
La región también carga una responsabilidad histórica, durante años América Latina prefirió callar frente a Venezuela en nombre de la no intervención, confundiendo prudencia diplomática con complicidad política, el resultado fue permitir que una crisis se pudriera hasta estallar, hoy cuando la situación escala y actores externos intervienen el discurso soberanista suena vacío, porque la soberanía se defiende garantizando derechos no anulándolos, México como actor regional relevante tiene ahora una disyuntiva, repetir el silencio cómodo o asumir un liderazgo responsable que defienda la democracia sin dobles discursos, la lección venezolana demuestra que los problemas internos ignorados se internacionalizan, que los abusos tolerados se convierten en crisis globales y que la indiferencia también tiene consecuencias geopolíticas.
La Democracia no se pierde de golpe, se desangra
Uno de los errores más graves al analizar Venezuela, fue pensar que la democracia se pierde de un día para otro, no fue así. Se fue desangrando lentamente, primero con pequeñas concesiones al poder, luego con reformas justificadas, después con elecciones sin competencia real, hasta que un día ya no quedaba nada que defender, esa es la advertencia más poderosa para México, la democracia no muere con un golpe espectacular, muere con aplausos tibios y silencios estratégicos, muere cuando la sociedad se acostumbra a que el poder no rinda cuentas, cuando la ley se aplica de manera selectiva y cuando la verdad se relativiza, el costo de despertar tarde, siempre es más alto que el de incomodar a tiempo.
Migración, pobreza y el precio humano del fracaso
Más allá del debate político, el colapso venezolano tiene un rostro humano, millones de personas desplazadas, familias rotas, pobreza extrema y una generación marcada por la incertidumbre, ese también es un mensaje para México, cuando el Estado falla, la migración se vuelve inevitable y ningún muro, ningún discurso, ni ninguna frontera puede contenerla, la crisis venezolana no sólo es un problema interno, es una herida regional, y su origen no está en sanciones externas, sino en decisiones internas acumuladas durante años.
Gobernar es saber cuándo escuchar
Si algo enseña Venezuela es que gobernar no es imponer una visión única, sino administrar la pluralidad, los gobiernos que confunden respaldo popular con cheque en blanco, suelen olvidar que la legitimidad no es permanente, se renueva con resultados, con justicia y con respeto a las reglas, Claudia Sheinbaum tiene ante sí una oportunidad histórica, demostrar que México puede avanzar sin repetir errores ajenos, que el poder puede ejercerse con límites y que la transformación no necesita aplastar instituciones para existir.
Venezuela ya no es una advertencia lejana, es un espejo incómodo que refleja lo que ocurre cuando el poder se concentra, el disenso se criminaliza y la crítica se desprecia, México haría mal en mirar hacia otro lado, porque la historia latinoamericana es clara, los países que ignoran las señales terminan repitiendo las tragedias, y cuando eso ocurre ya no hay comunicados, ni discursos que alcancen para contener el derrumbe.
¿El Gobierno mexicano será capaz de entender lo que acaba de suceder en Venezuela? ¿Sabrá escuchar aquellas voces lejanas que le dicen que México no está exento de un golpe como el que recibió el gobierno de Venezuela? Hoy, a diferencia de otras intromisiones de Estados Unidos a otros países es que los venezolanos festejan la detención de Maduro, lo que significa la caída indiscutible del socialismo en ese país.
Por Venezuela se empezó, a México, ¿cuándo cree usted que le toque?.
