El robo de combustibles en México pasó de las perforaciones clandestinas en ductos de Pemex y el trasiego de gasolina en pipas a una estructura industrial en mini refinerías «invisibles» para autoridades y sus operativos, aun cuando operan a pie de carreteras.
Hoy, en lugar de puntos de ordeña, controlan plantas capaces de almacenar, separar y procesar hidrocarburos robados, con personal altamente capacitado, inversiones millonarias y redes de protección.
Recientes aseguramientos de la FGR en Tamaulipas, Veracruz, San Luis Potosí, Hidalgo y Morelos exponen este modelo, aunque sin personas detenidas.
