En un reflejo del severo ajuste que sacude a la economía mexicana, la agencia Moody’s Ratings mantuvo la calificación de Pemex en ‘B1’, hundiéndola en la categoría de «bono basura» altamente especulativo tras haber degradado previamente la nota soberana del país, de la CFE y de cinco de los principales bancos comerciales al último escalón del grado de inversión (Baa3); a pesar de que la petrolera arrastra una abultada deuda de 79 mil millones de dólares y una producción en mínimos históricos de 1.6 millones de barriles diarios, la calificadora le otorgó una perspectiva estable gracias al blindaje financiero y de liquidez garantizado en el Presupuesto de Egresos de la Federación 2026 y al desahogo de pasivos derivado de la reforma de pensiones
