Desde este 1 de enero entró en vigor en Estados Unidos un impuesto del 1 % a las remesas enviadas en físico —efectivo, giros postales y cheques—, una medida aprobada en julio del año pasado que, aunque excluye las transferencias digitales y bancarias, introduce un nuevo costo directo sobre los ingresos de millones de familias en América Latina.
México recibe de Estados Unidos alrededor del 95% de sus remesas, ya que tan solo en 2024, estos envíos superaron los 63 mil millones de dólares, una cifra récord que convirtió a las remesas en la primera fuente de divisas del país, por encima del turismo y de la inversión extranjera directa.
