* México bajo presión mientras el gobierno aplaude la “amabilidad” de Washington……
Por Karina A. Rocha Priego
La advertencia lanzada por Estados Unidos a México por el tráfico de fentanilo, no es un mensaje diplomático, es una orden política con tono de ultimátum, y lo más preocupante no es la dureza del señalamiento, sino la docilidad con la que el gobierno mexicano lo ha recibido, mientras desde Palacio Nacional se insiste en calificar como “muy amable” una conversación con Donald Trump, como si la cortesía verbal pudiera ocultar el fondo de una relación cada vez más asimétrica, donde Washington exige y México justifica, donde Esta-dos Unidos presiona y el gobierno mexicano sonríe.
Tras la llamada entre Juan Ramón de la Fuente y Marco Rubio, el mensaje fue brutalmente claro, los avances graduales son inaceptables, se requieren resultados concretos y verificables, es decir, Esados Unidos no cree en el discurso oficial mexicano, no confía en las cifras, no valida las narrativas, y exige pruebas tangibles de que el gobierno es capaz de contener a los cárteles y frenar el flujo de fentanilo, lo demás es retórica, y aun así, la reacción del lado mexicano ha sido minimizar el golpe y venderlo como parte de una “colaboración respetuosa”.
Soberanía convertida en eslogan
Durante años, la soberanía ha sido utilizada como consigna política para consumo interno, pero en los hechos, se ha convertido en una palabra hueca, porque cuando Estados Unidos levanta la voz, México baja la mirada, y cuando Washington exige resultados, el gobierno mexicano responde con promesas, mesas de trabajo y comunicados diplomáticos, sin capacidad real de imponer condiciones propias, ni de replantear una estrategia de seguridad que claramente no ha funcionado.
El problema no es solo el fentanilo, es la percepción de debilidad institucional, es la incapacidad del Estado mexicano para controlar territorios completos dominados por el crimen organizado, es la falta de una política de seguridad creíble que no dependa del humor del inquilino de la Casa Blanca, y es ahí donde la advertencia estadounidense cala hondo, porque no solo cuestiona la eficacia del gobierno, sino su autoridad.
Trump manda y México administra la presión
Donald Trump no habla “al aire”, cuando advierte, presiona; cuando presiona, avanza, y cuando avanza, lo hace sin pedir permiso, su historial lo demuestra, amenazas comerciales, cierres fronterizos, sanciones, uso político del tema migratorio y ahora el narcotráfico como bandera electoral y como instrumento de presión geopolítica, frente a eso, México responde con discursos de calma, con llamados al respeto mutuo, con frases bien ensayadas que no detienen ni una sola decisión tomada en Washington.
La posibilidad de acciones más agresivas contra los cárteles, incluso fuera del territorio estadounidense, no es una fantasía, es una idea que circula con fuerza en los círculos de poder de Estados Unidos, y que encuentra terreno fértil cada vez que México parece incapaz de garantizar seguridad dentro de sus propias fronteras, negarlo no lo hace desaparecer, minimizarlo no lo frena.
Avión que aterriza y las preguntas que nadie responde
En este contexto, la llegada de un avión militar estadounidense al Aeropuerto Internacional de Toluca, no puede verse como un hecho aislado ni como una simple anécdota logística, es un símbolo poderoso en medio de una relación cargada de tensión, de advertencias y de mensajes cruzados, y el silencio oficial sobre el motivo de ese aterrizaje solo alimenta la sospecha y la desconfianza y, peor aún, causa temor entre los mexicanos.
Cuando un gobierno no explica, otros interpretan, y cuando no hay claridad, surge la narrativa de la intervención encubierta, de los acuerdos opacos, de las concesiones silenciosas, y aunque se intente justificar como un vuelo técnico o humanitario, el momento político lo convierte en un gesto incómodo que refuerza la idea de que Estados Unidos actúa y México se entera después.
Sin embargo, luego del golpe asestado a Venezuela donde, se decía que ni las autoridades norteamericanas podrían tumbar la dictadura de Nicolás Maduro, ya todo se puede esperar en México, más aún, cuando la necedad disfrazada de sometimiento del gobierno federal, insiste en que “si podemos” contra el vecino país del norte y, aquí las consecuencias. ¡No pudimos!
El costo político de fingir normalidad
La administración de Claudia Sheinbaum ha heredado un problema estructural que no se resuelve con sonrisas diplomáticas ni con llamadas “cordiales”, el tráfico de fentanilo no es solo un tema de seguridad, es un conflicto binacional donde Esta-dos Unidos busca responsables externos de su crisis interna de consumo, y México se ha convertido en el blanco perfecto y es que, motivos tiene. No se puede dejar de lado que, desde el gobierno federal hasta algunos municipales, están siendo “sometidos” o ¿financiados?, por la delincuencia organizada.
El verdadero riesgo es seguir fingiendo que todo está bajo control, mientras las advertencias suben de tono y las exigencias se endurecen, porque cada mensaje de Washington que no recibe una respuesta firme, fortalece la narrativa de que México puede ser presionado sin consecuencias, y eso, en política internacional, tiene costos enormes.
La cooperación no puede construirse desde la humillación ni desde el miedo, y la soberanía no se defiende con discursos, se defiende con instituciones fuertes, con estrategias claras y con un Estado capaz de imponer la ley en su propio territorio, mientras eso no ocurra, Estados Unidos seguirá dictando el ritmo, elevando el tono y marcando la agenda hasta llegar a consecuencias irreversibles y es que, estarán de acuerdo, “… Si la delincuencia organizada puede someter al gobierrno de México, ¿por qué Estados Unidos no podría hacerlo?”.
México enfrenta hoy una disyuntiva incómoda, o redefine su política de seguridad y su postura internacional con seriedad y firmeza, o acepta el papel de socio vigilado, presionado y condicionado, donde cada llamada “amable” es en realidad un recordatorio de quién manda y quién obedece.
Por lo pronto, ¿cuál es la lectura que debe darse al aterrizaje del Super Hércules del Gobierno de Estados Unidos en territorio mexicano? Porque mientras unos aseguran que llegaron elementos de las fuerzas armadas norteamericanas a nuestro territorio, otros aseguran se descargaron misiles cuyo destino aún es desconocido. ¿Será que Trump cumplirá su promesa de atacar campamentos de narcotráfico en territorio mexicano?.
