Mientras Gianni Infantino asegura que los aficionados son el alma del Mundial 2026, la FIFA enfrenta críticas por restricciones comerciales, altos precios, comisiones en la reventa de boletos y medidas que priorizan ingresos sobre la experiencia de los seguidores
Bajo la presidencia de Gianni Infantino, la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA) se ha consolidado no solo como el organismo rector del futbol, sino como un gigante comercial cuya voracidad económica parece no tener límites.
Mientras el organismo proyecta ingresos récord de 13 mil millones de dólares para el ciclo que culmina en este Mundial, un aumento del 72% respecto al periodo anterior de Qatar 2022, en México la estrategia de «sede limpia» ,política utilizada por el organismo en sus torneos internacionales que le permite tener un control de la operación comercial y logística de los estadios, eliminando cualquier compromiso previo de los inmuebles para asegurar que solo sus socios y directrices operen durante el evento, aunado a los altos costos operativos han desatado una ola de críticas por priorizar el lucro sobre los derechos de los aficionados y propietarios locales.
