La reclusa Christa Pike fue dada de alta diez días después de que el sistema penitenciario de Tennessee intentara quitarle la vida mediante inyección letal sin conseguirlo. Le aplicaron dos dosis de pentobarbital, pero la sentenciada sobrevivió.
Durante su estancia en el centro médico, los especialistas detectaron complicaciones graves. Desarrolló neumonía, presentó un coágulo de sangre en un brazo y perdió la capacidad de tragar, lo que dificulta su alimentación y su recuperación.
Pike, de 50 años, pasó casi tres décadas en el corredor de la muerte, sentenciada en 1996 por el homicidio de Colleen Slemme. De haberse consumado el procedimiento, habría sido la primera mujer ejecutada en la entidad desde 1819.
El caso reabre el debate sobre los protocolos de ejecución en Estados Unidos. El gobernador Bill Lee mantiene suspendidas las ejecuciones previstas para este año, mientras una revisión independiente investiga qué falló.
