En un mundo donde millones de canciones están disponibles con apenas unos toques en la pantalla, el disco de vinilo mantiene vigente una forma distinta de escuchar música: una experiencia que involucra el sonido, pero también el tacto, la memoria y un ritual que las plataformas digitales no pueden reproducir.
Para el antropólogo y profesor de la Facultad de Antropología de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx), Rodrigo Marcial Jiménez, el vinilo constituye uno de los grandes hitos culturales y tecnológicos del siglo XX, cuya llegada transformó no sólo la manera de escuchar música, sino también las dinámicas sociales alrededor de ella.
Durante su auge, las consolas reproductoras ocuparon un lugar central en los hogares y llegaron a convertirse en piezas de mobiliario y puntos de reunión familiar, mientras las tiendas de discos adquirieron presencia en el paisaje urbano.
“No sólo se podía resguardar música y reproducirla cuando uno quisiera, también surgieron espacios que antes no existían como las discotecas, que eran tiendas de discos.
Además, las consolas eran prácticamente muebles decorativos que ofrecían una gran calidad de sonido y se convertían en el centro de reunión de las familias”, recordó.
La historia de la música grabada continuó con la llegada del casete en la década de 1970, seguida por el disco compacto, el MP3 y, posteriormente, las plataformas digitales. Cada nuevo formato ofreció mayor practicidad, capacidad de almacenamiento y portabilidad, relegando temporalmente a sus antecesores.
Sin embargo, para el académico, la permanencia y el renovado interés por el vinilo tienen que ver con algo que trasciende la tecnología: la experiencia de escuchar música.
“El disco de vinilo regresó por la calidad y la fidelidad del sonido. No es lo mismo poner un MP3 que colocar un vinilo en una tornamesa, levantar la aguja, ponerla sobre el disco y escuchar cómo empieza a correr. Existe un ritual: limpiar el disco, tomarlo correctamente, darle la vuelta”, afirmó.
Aunque difícilmente recuperará el protagonismo que tuvo durante las décadas de 1960 y 1970, el vinilo encontró un nuevo espacio entre coleccionistas, aficionados y nuevas generaciones interesadas en experimentar la música de una manera más tangible.
A ello se suma que distintos artistas continúan editando sus producciones en formato LP, con lo que el disco de vinilo conserva un lugar dentro de la industria musical y se convierte también en un objeto de colección con valor emocional y simbólico.
“Hay quienes seguimos disfrutando de todos los formatos: casete, CD y vinilo. Cada uno cuenta una parte de la historia de cómo los seres humanos hemos encontrado maneras de preservar y compartir la música”, concluyó Rodrigo Marcial Jiménez.
