Las tensiones entre las dos mayores economías del mundo volvieron a tensarse esta semana, luego de que el gobierno de Estados Unidos anunciara una serie de medidas que restringen el ingreso de tecnología robótica producida en territorio chino, decisión que fue recibida con molestia evidente por parte de las autoridades del gigante asiático.
El origen del más reciente episodio de fricción se ubica en la determinación adoptada por el regulador federal de comunicaciones estadounidense, que decidió sumar a su listado de productos vetados a los robots humanoides y cuadrúpedos fabricados fuera de sus fronteras. El argumento oficial invocado por Washington remite a la seguridad nacional: se afirma que estos dispositivos, al estar conectados a redes digitales, podrían representar un riesgo para la protección de datos y abrir puertas a intromisiones cibernéticas no deseadas. Según se explicó, la restricción no alcanza a los equipos que ya se encuentran operando o que fueron adquiridos previamente, sino únicamente a los modelos nuevos.
