El uso de drones por parte de organizaciones criminales mexicanas dejó de ser una amenaza marginal para convertirse en un fenómeno de escala masiva en la frontera con Estados Unidos.
La diferencia, de casi cinco veces, entre la frontera de México y Estados Unidos, respecto de la que tiene con Canadá, confirma que la actividad de drones está directamente asociada a las dinámicas del crimen organizado en territorio mexicano y no a un patrón fronterizo generalizado.
El fenómeno no es reciente, aunque sí se ha acelerado. Desde 2024 se estima que alrededor de mil drones cruzan mensualmente de México hacia territorio estadounidense con fines de reconocimiento contra fuerzas del orden o para el contrabando de droga.
