La Casa Blanca eleva la presión financiera sobre Irán en un momento crítico: la guerra entre ambas naciones se aproxima a los seis meses de duración y comienza a erosionar el respaldo político interno hacia la administración estadounidense. El presidente Donald Trump confirmó esta semana que desplegará contra Teherán un esquema de aislamiento y castigo económico «sin precedentes», con un objetivo claro: obligar al régimen iraní a abandonar su programa nuclear y a permitir la reapertura total del Estrecho de Ormuz al paso de buques petroleros y de gas natural.
El anuncio se produce en un escenario complicado para Washington. Las reservas de armamento estratégico se han reducido conforme se extiende el conflicto, mientras el desgaste político por una guerra que gana impopularidad entre los votantes estadounidenses se intensifica de cara a los comicios legislativos de mitad de mandato, que decidirán si el Partido Republicano retiene el control del Congreso.
