Hernán Alberto Gil Flores, de 44 años, trabajaba como vigilante en un centro comercial de La Guaira cuando el terremoto derrumbó parte de la estructura y lo dejó sepultado. Durante más de una semana, su paradero fue una incógnita para su familia y para los equipos de emergencia que rastrillaban la zona.
El primer contacto con él se logró recién el domingo posterior al sismo. A partir de ese momento, los rescatistas mantuvieron comunicación constante, suministrándole agua, alimento y medicamentos a través de una sonda mientras diseñaban la estrategia para extraerlo con vida. El lunes lograron ubicarlo con precisión y, tras intensas jornadas de trabajo bajo altísima presión, finalmente consiguieron sacarlo este jueves entre aplausos, abrazos y lágrimas de los propios socorristas.
