La salida de Tulsi Gabbard como directora de Inteligencia Nacional de Estados Unidos profundizó la crisis interna dentro de la administración de Donald Trump, marcada por divisiones sobre la política exterior, desacuerdos en materia de seguridad y crecientes tensiones entre altos funcionarios de la Casa Blanca.
La renuncia de Gabbard se produjo tras meses de fricciones con el presidente y con figuras clave del aparato de inteligencia estadounidense. Aunque oficialmente argumentó motivos familiares relacionados con la salud de su esposo, en Washington la lectura es distinta: la excongresista hawaiana había perdido influencia política y quedó aislada dentro del círculo más cercano a Trump.
