El evento supone un desafío de seguridad sin precedentes para la FIFA y los tres países coanfitriones —Estados Unidos, México y Canadá—, pero México tiene un reto añadido: demostrar que puede evitar que se repitan situaciones de violencia como la que siguió a la muerte del líder del Cártel de Jalisco Nueva Generación en febrero o el inusual tiroteo en las pirámides de Teotihuacán de abril.
De hecho, la embajada estadounidense recordó el martes su alerta de reconsiderar los viajes a Jalisco, donde está Guadalajara, y de extremar precauciones en la Ciudad de México y Nuevo León, donde se encuentra Monterrey.
