* Rumbo a 2027, los mismos nombres cambian de camiseta, mientras el poder se reacomoda……
Por Karina A. Rocha Priego
El Estado de México entra a la antesala del proceso electoral de 2027 con un clima político marcado por la tensión interna, la disputa por candidaturas y un fenómeno que ya no se oculta, el reciclaje de políticos que transitan de un partido a otro según la coyuntura, sin importar trayectoria, discurso o pasado, en un escenario donde las siglas pesan menos que los acuerdos.
Morena, hegemonía con fisuras
El partido dominante mantiene el control político de la entidad, pero enfrenta fracturas internas cada vez más visibles, grupos locales, liderazgos regionales y figuras con pasado en otras fuerzas compiten por posiciones, generando una disputa anticipada que podría definir la elección antes de que llegue a las urnas.
Dentro de este reacomodo destacan perfiles que migraron desde otras fuerzas, como Higinio Martínez Miranda, con raíces en la izquierda tradicional, pero con influencia creciente dentro de Morena, y Horacio Duarte Olivares, operador clave que ha transitado por distintos espacios políticos y hoy forma parte del núcleo de poder estatal.
Del PRI a Morena, el cambio de color
Uno de los movimientos más evidentes ha sido el traslado de cuadros priistas hacia Morena, un fenómeno que ha redefinido el mapa político mexiquense.
Figuras como Eruviel Ávila Villegas, exgobernador del Estado de México -hoy fuertemente señalado por abuso de poder y agresión verbal contra su esposa-, quien tras años en el PRI terminó alejándose del tricolor y acercándose a nuevas plataformas políticas, o Alejandra del Moral Vela, quien tras encabezar al priismo mexiquense quedó en una posición de reacomodo tras la derrota electoral, evidencian cómo los liderazgos tradicionales buscan mantenerse vigentes bajo nuevas siglas.
Dicho sea de paso. En el caso de Eruviel Ávila Villegas, siempre se dudó de su lealtad al Partido Revolucionario Institucional, recordando que su candidatura a la gubernatura del Estado de México, se dio en medio de escándalos, extorsiones y amenazas, de ahí que el PRI, para este sujeto, fue tan sólo un trampolín rumbo al poder, pero nada más.
En lo que a Alejandra del Moral se refiere, esta ha sido el caso más patético de traición hacia el PRI, “vendiéndose caro” -eso sí- para salvar “el pellejo” de su “amigo” Alfredo del Mazo Maza, quien concluía su administración como gobernador y, para evitar “acusasiones y cárcel”, ofreció a Morena la gubernatura, a cambio de impunidad.
A estos se suman otros tantos perfiles que han operado en estructuras priistas durante décadas y hoy encuentran espacio dentro del oficialismo, diluyendo cualquier frontera ideológica.
Oposición, entre fugas y supervivencia
Los partidos tradicionales enfrentan una crisis profunda, marcada por la salida constante de cuadros hacia otras fuerzas.
El PRI pierde figuras, el PRD prácticamente se diluye y el PAN resiste en algunos bastiones, mientras personajes como Juan Zepeda Hernández han transitado entre partidos, pasando del PRD a Movimiento Ciudadano en busca de reposicionamiento político.
Este fenómeno no es aislado, responde a una lógica de supervivencia, donde permanecer vigente implica cambiar de plataforma antes que desaparecer del escenario.
Es un hecho. Toda la migración de políticos a Morena, sólo tienen una cosa en su cabeza ¡seguir viviendo del erario!, ¡seguir con chamba!, ¡seguir con sueldo!.
El verde, refugio político
El Partido Verde se consolida como espacio de reacomodo para actores desplazados, funcionando como bisagra dentro del sistema político.
Figuras como Luis Miranda Nava, con pasado priista y cercanía a grupos de poder tradicionales, ilustran cómo este partido se convierte en refugio para mantener influencia sin confrontar directamente al bloque dominante.
Su papel no es competir frontalmente, sino negociar posiciones y garantizar presencia dentro de alianzas estratégicas.
Morena también recicla
Aunque se presentó como una alternativa, Morena ha integrado a múltiples perfiles provenientes de otros partidos, lo que ha generado críticas internas y cuestionamientos sobre su identidad.
El caso de Ricardo Monreal Ávila, con un largo historial de cambios partidistas, refleja una práctica extendida a nivel nacional que también impacta en el Estado de México, donde la lógica es sumar operadores con experiencia, sin importar su origen político.
Esto ha provocado tensiones entre militantes de base y nuevos cuadros, evidenciando una disputa entre principios y pragmatismo.
La política sin ideología
El denominador común es claro, los partidos dejaron de ser espacios ideológicos para convertirse en vehículos electorales, donde lo importante no es el proyecto, sino la posibilidad de competir.
El reciclaje político no sólo se tolera, se promueve, porque permite a los partidos fortalecer estructuras rápidamente, aunque esto implique contradicciones internas.
En este contexto, cambiar de partido ya no representa un costo político, al contrario, puede significar una oportunidad.
Los mismos de siempre
Rumbo a 2027, el Estado de México no vive una renovación política, vive un reacomodo de los mismos actores bajo distintas siglas, donde figuras conocidas reaparecen en nuevos espacios, con discursos ajustados, pero prácticas similares.
La contienda no será entre proyectos distintos, será entre estructuras que comparten perfiles, estrategias y formas de operar, donde el ciudadano observa cómo los nombres se repiten, aunque los colores cambien.
La pregunta ya no es quién representa qué ideología, sino quién logra colocarse mejor en el tablero, porque en el fondo, el poder en el Estado de México no se transforma, sólo se recicla.
